Volver al blog 6 de febrero de 2022 · Por Chelo Tarazona Antonino (Fallera)

Quiero movimiento

Quiero movimiento

Movimiento, eso es la vida: movimiento al nacer y respirar, movimiento al aprender a caminar; todo eso cotidiano de nuestra vida es movimiento.

A veces el movimiento es bueno y está sincronizado, pero otras veces ese movimiento es erróneo, nos hace tropezar, nos desestabiliza, y no siempre podemos, o acertamos, a volver a estabilizarlo. Podríamos aplicarlo a las fallas: ellas también tienen movimiento, unas veces correcto y otras incorrecto, pero movimiento al fin y al cabo.

Durante unos meses se habló del imparable movimiento de #FallersEnPrimeraLinea, gracias a dos falleros clave en la relación entre los distintos municipios que organizan fiestas falleras, y que han sido o son delegados de juntas locales de la JCF: recordaron que los falleros no son solo eso, sino muchas cosas más, con diferentes profesiones, entre ellas la sanitaria, que en esos momentos estaba desbordada.

Cuando se suspendieron las fallas, todas las comisiones estábamos en pleno movimiento, transportando monumentos; el movimiento siguió hasta que los volvimos a transportar para dejarlos guardados sin saber qué podría pasar. No hace falta hablar de algo que sigue aquí, en movimiento, entre toda la humanidad; no somos investigadores, ni inmunólogos ni virólogos, pero somos falleros y podemos hablar de fallas.

Durante muchos días nuestros movimientos fueron lentos, no teníamos poder para movernos, quedaron estancadas actividades y muchas decisiones aplazadas.

Hemos tenido mucho tiempo para pensar, reflexionar y buscar soluciones, pero de poco ha servido.

Es verdad que todo cambia y evoluciona, es verdad que las fallas debemos avanzar y no quedarnos estancadas en el pasado, pero proponer cambios sin pensar en el bien común de todos solo sirve a unos pocos.

¿Por qué digo esto? Porque, a mi entender, los falleros participamos en congresos, proponemos cosas que no siempre cumplimos y que la mayoría desconoce, porque no se leen el reglamento aprobado, o realmente no les interesa; otras veces lo interpretamos a nuestra conveniencia y lo aplicamos si nos conviene, o no.

No siempre los tiempos pasados fueron mejores, pero sirven para entender y aprender; si seguimos hacia el futuro incierto de actos y actividades, creo que las fallas no volverán a ser como las conocíamos antes, tendremos que cambiar y replantearnos si los actos son mejores de día o de tarde, si son prescindibles las largas caminatas que hacemos en las visitas de sectores, si es momento de cambiar la Crida, si las recompensas —solo las más altas— deberían entregarse en un acto diferente. Tal vez necesitemos actos totalmente nuevos, o quizá lo que necesitamos es gente con más ilusión para unir lo viejo y lo nuevo, pasado y futuro. Dar un giro de 180 grados, evolucionar y movernos todos a una: seguro que ganamos todos.

Recordemos que son los monumentos los que nos definen como fiesta; por esos monumentos, fallas u obras de arte, como queramos llamarlos, es momento de adaptarnos: los falleros hemos de hacer que se produzca ese cambio.

Que hablen del movimiento fallero, pero que realmente sea para hacer fallas.

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