La UNESCO, la educación y las fallas

«En realidad, las fallas son lo que hoy son a partir de la invención del llibret». Joan Fuster, 1956.
El pasado 30 de noviembre las fallas fueron declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por el Comité Intergubernamental de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Organismo especializado de la ONU, creado en 1945 con el objetivo de fomentar la paz y la seguridad en el mundo mediante la educación, la cultura y las comunicaciones.
Esta organización ha mantenido su misión de contribuir a la paz mundial, luchar por erradicar la pobreza, defender un desarrollo sostenible y conseguir un diálogo intercultural, a través de la educación.
Kant dice que «solo mediante la educación puede el hombre llegar a ser hombre. El hombre no es más que lo que la educación hace de él». Hay que entender que esta afirmación del filósofo alemán debe tener en cuenta la educación formal, la no formal y la informal, conjuntamente.
La fiesta de las fallas, los monumentos, los llibrets, la indumentaria, la pirotecnia, la música, la gastronomía, las representaciones escénicas, las comisiones falleras, etc., constituyen elementos de una educación formal, no formal e informal.
La educación formal es el sistema educativo institucional, estructurado cronológicamente desde la escuela infantil hasta la universidad, con una planificación reglada para la obtención de un título académico de acuerdo con la formación conseguida. Relacionada con la fiesta de las fallas, se podría hablar de educación formal la que llega desde la familia profesional de artes y artesanías con la titulación de Técnico superior en artista fallero y construcción de escenografías, o desde la familia profesional de Hostelería y Turismo con el título de Técnico en cocina y gastronomía, o desde la familia profesional de Artes aplicadas a la indumentaria con el título de Técnico superior de Artes Plásticas y Diseño en Estilismo de Indumentaria, por ejemplo.
Los últimos datos aportados por el Ministerio de Educación relativos al curso 2013-14 respecto al alumnado que no titula en la ESO es un 23,2%. Los que no acaban y, por tanto, no titulan, en bachillerato, un 45,2%; en FP de grado medio, un 76,1%, y en FP de grado superior, un 72,7%. Hay que tener en cuenta que ha habido una mejora en los últimos años.
Son cifras preocupantes. Ninguna persona debería quedar fuera del sistema educativo. El derecho a la educación es un derecho universal y está por encima del derecho a la escolarización. Una educación de calidad y conseguir el éxito académico del alumnado debe ser un objetivo de prioridad nacional. Para conseguirlo hay que eliminar las barreras de acceso a los diversos niveles educativos a causa de las desigualdades sociales, económicas, intelectuales, físicas o culturales, además de una profunda reflexión respecto a los sistemas de aprendizaje. La escuela, la familia y el entorno social, cultural, empresarial, financiero y político son los responsables de que cada niño, niña y joven sea protagonista de su propio éxito educativo. Y lo será si recibe la formación adecuada que le permita alcanzar, desde las inteligencias múltiples, las competencias clave: la competencia de la comunicación lingüística; la competencia matemática; la competencia del conocimiento y de la interacción con el mundo físico; la competencia digital y el tratamiento de la información; la competencia social y ciudadana; la competencia cultural y artística; la competencia para aprender a aprender, y la competencia de autonomía e iniciativa personal. Las políticas educativas no serán suficientes para que nuestros hijos e hijas obtengan una titulación académica si no se implican todos los organismos del entorno, configurando una comunidad educadora que dé apoyo y confianza, y ayude al empoderamiento, al éxito y a la felicidad de nuestra población infantil y juvenil. Los títulos académicos abren las puertas al mundo, acreditan la incorporación al trabajo o posibilitan el acceso a niveles educativos superiores.
La escuela será la que aporte las herramientas necesarias para que la educación formal llegue, sin distinciones de ningún tipo, compensando las dificultades en la adquisición del aprendizaje reglado, desde la calidad de los procesos pedagógicos y desde la calidad docente. Una y otra deben tener una base científica que demuestre el éxito en los resultados de las metodologías que se aplican.
Una escuela que quiere conseguir un aprendizaje inteligente comienza por identificarse y definirse, por marcar los objetivos con los que se pretende alcanzar una excelencia intelectual, artística, física y ética, y marcar unos principios de aprendizaje, unas prácticas pedagógicas en las que la educación artística, el aprendizaje cooperativo, la cultura del pensamiento, el trabajo por proyectos, el aprendizaje-servicio, la evaluación basada en evidencias o «evaluación auténtica» y una excelente docencia permiten al alumno o alumna ser el actor principal de su propio aprendizaje.
La educación no formal es la transmisión del aprendizaje, deliberada y flexible, incluso personalizada, breve, práctica, concreta y adaptada a cada circunstancia relacionada con el entorno de las personas que participan en ella. No resulta nada difícil encontrar este tipo de educación en el mundo fallero. A modo de ejemplo, en la página web oficial de la Junta Central Fallera puede leerse: «23 de enero será el curso para jurado de fallas en el Saló Museu de la Ciutat Fallera», «La Delegación de Participación informa que se han realizado los cursos CRE con una inscripción de 494 alumnos», «El 23 de enero se hará el de RGCRE. Se quieren realizar unas charlas informativas en los casales para informar a los falleros infantiles del uso de los elementos pirotécnicos». Este tipo de formación posibilita el acceso a un aprendizaje organizado que empodera a quien lo recibe y facilita su inclusión en la comunidad, desarrollando competencias clave. En muchas ocasiones la educación no formal se encamina y acaba en la incorporación a la educación formal. La educación no formal, aunque no proporciona títulos académicos, sí aporta cultura y herramientas que motivan nuevos aprendizajes y saberes.
Y, por último, la educación informal, menos estructurada y organizada que la educación formal y no formal. Se trata, en realidad, del aprendizaje individual. Son actividades que enseñan, que educan a la persona, ya sea en casa o en la calle, en cada espacio donde se desarrolla la vida.
Grandes pedagogos como Francesco Tonucci o Paulo Freire reconocen que la sociedad, como comunidad educadora, debe participar en la creación de conocimiento. Las familias, la sociedad, las instituciones, las organizaciones y cada ciudadano o ciudadana formamos parte de un colectivo que educa y enseña a las generaciones futuras; por ese motivo debe haber un compromiso y una apuesta seria de implicación.
Si esta educación informal la aplicamos al mundo de las fallas, tiene un gran abanico de posibilidades. No deberíamos perder de vista aspectos tan importantes como hacer que los niños, niñas y jóvenes vivan con seguridad en las calles del barrio los días que dura la fiesta; no hay que esperar a que las fuerzas de seguridad sean las únicas que generen un entorno seguro, también los adultos podemos vigilar e impedir prácticas delictivas o punibles en nuestra presencia. Debemos enseñar cómo se puede vivir en paz desde el ejemplo. Tratarnos con educación, empatizar con los vecinos y vecinas que no viven ni participan de las fallas. Respetar horarios y permisos para ocupar espacios es educar en ciudadanía. Acercarnos a la cultura desde la base científica, con un aval universitario y de prestigio, engrandecerá y dará valor a nuestra cultura y tradiciones. Respetar la igualdad y la diversidad sexual, rechazar las actitudes machistas y promover un comportamiento mesurado y sensato definirá el contexto educativo para los futuros adultos.
La escuela debe contribuir a desarrollar un pensamiento crítico, creativo, capaz de ayudar a tomar decisiones acertadas, y debe hacerlo desde la inclusividad. Las políticas educativas, el entorno social, el barrio, el municipio, deben ayudar a que no haya diferentes ritmos de aprendizaje, desigualdades educativas, impedimentos en los accesos al saber ser y al saber hacer. En definitiva, si queremos vivir en una sociedad justa, libre, democrática, igualitaria, solidaria, respetuosa con el medio ambiente, con las diversidades culturales, religiosas o sexuales, en paz y en armonía, la sociedad en general debe colaborar en transmitir una educación en valores que fomente la curiosidad por aprender y aprecie el trabajo docente y la función necesaria e imprescindible de la escuela. Porque la educación formal, tanto la de régimen general —Infantil, Primaria, Secundaria y Formación Profesional— como la educación de régimen especial —Enseñanzas Deportivas, de idiomas, de Música y Danza y de Artes Plásticas y Diseño y Arte Dramático—, además de la Educación a lo largo de la vida y la universidad, debe llegar por igual a todos y todas. Y, a la vez, la sociedad debe colaborar y participar con los centros educativos, debe colaborar y participar en la formación y la educación no formal e informal, por el bien de la propia comunidad.
La carta de las ciudades educadoras, que recoge los principios básicos para el impulso educativo de la ciudad, dice en su preámbulo: «Hoy más que nunca, la ciudad, grande o pequeña, dispone de incontables posibilidades educadoras, pero también pueden incidir en ella fuerzas e inercias deseducadoras. De una manera u otra, la ciudad presenta elementos importantes para una formación integral, es un sistema complejo y, a la vez, un agente educativo permanente, plural y poliédrico, capaz de contrarrestar los factores deseducativos». O sea, que hay que intervenir uniendo todas las sinergias educadoras formales, no formales e informales de que dispone el entorno social para conseguir una formación integral, pero también, y muy importante, para hacer frente a todo aquello que hace que se pierda la educación recibida, cuyas consecuencias son catastróficas. Porque cuando hablamos de educación lo hacemos desde la nueva visión de la educación que hace la UNESCO, una educación que se entiende como un bien público, holística, ambiciosa e inspiradora.
En el reconocimiento de la UNESCO a las fallas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad se dice: «Transmitida en el seno de las familias, la práctica de esta festividad cultural refuerza la cohesión social y propicia la creatividad colectiva de las comunidades»; deberíamos añadir que esta transmisión va acompañada de muchas emociones que son, según la neuroeducación (unión de neurociencia, psicología y educación), las que influyen en nuestra manera de aprender, porque las emociones son imprescindibles cuando razonamos o tomamos decisiones, pero también favorecen el aprendizaje y activan los mecanismos de la memoria cuando son positivas. Toda la información que nos llega a través de los sentidos está asociada al proceso cognitivo, nos permite alcanzar cierto grado de abstracción y generar nuevas ideas. Asimismo, actualmente la neuroestética puede explicar, desde una base científica, algunas de las claves sobre el funcionamiento del cerebro durante el proceso creativo del artista y el placer estético en el espectador. La creatividad y las actividades artísticas mejoran los procesos cognitivos al poner en funcionamiento diferentes áreas de forma simultánea. El arte también nos ayuda a aprender, a estimular el aprendizaje.
Y no olvidemos la transgresión de las fallas. Francesco Tonucci dice que «una educación rígida, represiva, que exige únicamente sumisión y obediencia, incita a la transgresión». La educación necesita un poco de la transgresión infantil y juvenil porque de esta manera las metodologías se mantendrán activas, actualizadas a las necesidades y adaptadas a las diversidades. Hay que reconocer la función de la transgresión en el desarrollo de la libertad de expresión, del pensamiento crítico y de la creación artística.
Que la educación y las fallas mantienen un diálogo pedagógico es evidente. Que educar es cosa de todas y todos, también. Y que, como dice Kant, la educación hará la mujer y el hombre que queremos ser y hacer.