Volvemos

Un diez de marzo de dos mil veinte,
con todos los ninots ya en la plaza,
llegó una fatídica noticia
y tuvimos que encerrarnos en casa.
Fueron días muy duros,
fueron días llenos de rabia,
de incomprensión, desilusiones, frustración,
y el catorce llegó la «desplantà».
Los falleros y las falleras, durante todo este tiempo,
hemos sido claro ejemplo de solidaridad,
obediencia, paciencia, empatía
y muchísima responsabilidad.
Pues somos un colectivo luchador,
y aunque las fallas sean una gran fiesta,
no son solo una fiesta cualquiera,
somos patrimonio de la humanidad por poderosas razones.
Somos la cultura viva de un pueblo
con su propia identidad,
el cuidado de nuestra lengua,
la indumentaria, la música y la pólvora.
Este acto quiere rendir especial homenaje
a todas esas personas particulares
que, a pesar de sus posibles dificultades,
han seguido haciendo esta fiesta más grande.
Este marzo no pudimos plantar como siempre,
pero cendoyins y cendoyines estamos hechos de otra pasta,
y de alguna manera teníamos que sentirnos más cerca,
porque somos y seremos siempre una familia, además de una gran falla.
Una familia en la que todos y todas importan,
donde cada uno aporta lo que puede y quiere,
una familia unida incluso en la distancia
por el amor a nuestra falla y a nuestras tradiciones.
Este año la plantà la hicimos en casa,
nuestros representantes ofrendaron en nuestro nombre,
disfrutamos de la charanga por las redes sociales,
y los buñuelos y el chocolate le pusieron el punto más dulce.
Las personas más devotas
pusieron flores en casa a la Mareta,
pidiéndole que muy pronto
disfrutáramos de unas fallas juntos en la plaza.
Recibimos mensajes de Mágia Negra y amigos,
que revivieron la ilusión,
y con alguna que otra lagrimita
quemamos las fallas de cartón.
Y así, con los balcones llenos de senyeras
que Yoel, Zoe, Pedro y Elena nos hicieron llegar con mucha emoción,
cantamos a pleno pulmón nuestro himno
mientras sonaban cohetes desde diferentes lugares.
Hoy ya estamos de nuevo en la plaza,
recordando muy bien quiénes somos y qué es lo que hacemos aquí,
volviendo a sentirnos en casa
y deseando que llegue por fin la semana fallera.
Ponemos a calentar los motores
y a preparar nuestra semana grande,
porque en un par de meses
llenaremos la plaza de verdad.
Empezarán a volver los ninots,
el césped, los camiones, la bailarina bailará de contenta,
y aunque sean un poco atípicas,
de las FALLAS con ganas disfrutaremos.
Qué palabra más bonita, FALLAS,
qué llena de significados,
cuántas cosas la rodean,
pero todas nacen de unas FALLAS por plantar.
Y de solo cinco letras venimos nosotros,
FALLA, falleras y falleros,
pero para los que aquí estamos, Luis Cendoya
nunca será una falla más.
Es una falla llena de historia,
de hermandad, de familiaridad…
Quizá pensemos así porque es la nuestra,
pero qué orgullosos nos hace.
Seguimos haciendo historia,
seguimos trabajando juntos,
codo con codo, como siempre,
y con una idea fija en la mente.
Cendoyins, cendoyines,
¡VOLVEMOS!
Aunque nunca nos hayamos ido a ningún sitio,
aquí estamos, con toda la fuerza del corazón gritando bien alto
que ¡YA HEMOS VUELTO!
¡Vivan las fallas!
¡Y viva la Falla Luis Cendoya!
Puerto de Sagunto, 26 de junio de 2021. Con la colaboración del Ayuntamiento de Sagunto y de la Diputación de Valencia.