La voz del pueblo

Cuando la falla se alza,
no es solo madera
lo que espera el fuego,
es la voz del pueblo,
es el grito que rompe el silencio
y provoca el choque.
Somos arte y somos burla,
somos verdad disfrazada,
somos risa que pincha,
somos herida que no se esconde.
Cada ninot es un espejo
que refleja la hipocresía,
la verdad,
cada escena es denuncia,
es sarcasmo, es ironía.
Que tiemblen los poderosos,
que se inquieten los vanidosos,
porque la falla habla claro,
sin filtros, sin miedos.
Somos la pluma que dibuja
la injusticia con colores vivos,
somos la voz que recuerda
que el pueblo no es ciego ni sordo.
En cada crítica hay esperanza,
en cada burla hay amor,
porque la sátira no mata,
la sátira despierta el corazón.
Cuando el fuego devora la madera,
no arde la verdad,
la verdad vuela con las llamas,
libre, sin gravedad.
Y así, año tras año,
la falla cumple su misión:
hacer pensar, hacer reír,
hacer sentir la revolución.
Y nosotros reímos,
pero también hacemos reflexionar.
Porque la fiesta es crítica,
es cultura, es libertad,
y en cada chispa
hay un pueblo
que nunca será callado.
Pero no basta con reír,
hay que escuchar lo que dice la falla,
porque detrás del sarcasmo
hay una verdad que reclama.
Una voz que no miente,
una voz que es del pueblo,
fuerte y justa.
La falla no es solo fiesta,
es conciencia colectiva,
es un pueblo que habla
cuando la política calla.
Que no se pierda el mensaje
entre la pólvora y la música,
porque la libertad no es ruido,
es escuchar, es actuar,
es hacer que la voz de la calle
llegue al corazón del gobierno
sin miedo,
sin disfraz,
sin censura.