La hermandad fallera no se habla, se hace

Era el 9 de marzo de 1997. Habíamos quedado en el casal a las nueve y media para empezar la replegà. Los niños y las niñas estábamos muy emocionados ese día. Empezaban los días con muchas horas en el casal, jugando y tirando cohetes en la plaza y el rato de comer helados. No sé por qué era así, pero el día de la replegà siempre nos dejaban comprarnos uno, el primer helado del año. Quizá fuera porque llegaba el fin del invierno, no lo sé, la verdad, pero eso hacía la replegà aún más especial.
Cuando llegamos al casal ese día, el ambiente era extraño. Los mayores estaban nerviosos y no dejaban de hablar en corrillos. Nos acercamos para oír qué pasaba. A las cuatro de la madrugada se había detectado un incendio en las naves de Canet de dos artistas, José Pascual Guillem Pitarch y Jesús Javier Andreu Anchel.
No sabíamos nada más. No teníamos teléfonos móviles ni redes sociales, así que la información llegaba, pero no tan rápido como ahora. Así que nos fuimos a hacer la replegà.
Cuando volvimos al casal ya teníamos más información. Se habían quemado, entre otras, algunas fallas de la comarca. De Mocador y Faura no quedó «ni una peineta», decían en el periódico. De La Victòria y Doctor Palos se salvó de las llamas una tercera parte.
Esa misma tarde nos reunimos en el casal para ver cómo podíamos ayudar. Y qué mejor replegà que recoger todos los ninots que teníamos en el casal de años anteriores para dárselos a las fallas afectadas.
El mundo fallero se volcó con la causa. Artistas particulares, el gremio, comisiones, el Ayuntamiento de Sagunto, la Junta Fallera de Sagunto, gente de la comarca y también de otras juntas locales como Borriana, Aldaia, Xàtiva... Los falleros de las fallas afectadas llenaban los talleres, apoyando a los artistas y tratando de rescatar de las cenizas algún ninot... La fallera mayor de la comarca no tardó en remangarse y ponerse también a la faena.
Y es que cuando se trataba de ayudar, ahí estábamos todos a una, sin que importara a qué falla pertenecías o cuál era tu cargo. Que a veces podemos discutir porque somos un colectivo heterogéneo y tenemos diferentes maneras de pensar, pero cuando hay que arrimar el hombro somos los primeros.
Ya lo dijo a la prensa Ana María Alegría Soto, Fallera Mayor de la comarca ese año: «estas fallas serán recordadas por la solidaridad del mundo fallero», y así es como yo las recuerdo. Porque la solidaridad, la hermandad, no se habla, se practica a diario. Y ella fue un buen ejemplo de todo eso.
Quizá mis palabras no reflejen con precisión todo lo que ocurrió. Pido disculpas si es así. Esto es solo el recuerdo de cómo lo vivió una niña, y de cómo la marcó para siempre.