La Fallera Calavera

Después de morir en una mascletà a causa de un error de seguridad, una fallera vuelve a la vida convertida en zombi. Solo hay una manera de calmar su ira apocalíptica: cocinarle una buena paella. A partir de esta premisa tan macabra y a la vez tan valenciana, nace La Fallera Calavera, un juego de cartas que ya ha vendido más de 13.000 unidades y que se ha convertido en un fenómeno autóctono tras publicarse una ampliación del juego y una novela con el mismo título.
Pero ¿por qué La Fallera Calavera ha conectado tanto con los valencianos? Más allá de la estética gótica, genuina y atractiva, creada por la ilustradora Esther Méndez, y de las virtudes jugables de esta baraja de cartas, lo que hace seductor este proyecto es la recuperación y promoción de la tradición y la idiosincrasia valenciana.
En primer lugar, el juego hace un ejercicio de sátira, volviendo al espíritu fallero original con el que los monumentos de madera y cartón servían para criticar la política local. La propia historia de la muerte de la fallera, un incidente dramático que el Ayuntamiento no quiere investigar, nos remite al accidente del metro de Valencia de 2006 y a su polémica gestión por parte de los representantes políticos. A partir de este ejercicio de crítica a través de la fantasía gótica, La Fallera Calavera despliega un catálogo de personajes y tradiciones populares de todo el territorio valenciano.
La mitología propia, a menudo olvidada en favor del folclore de otras latitudes, aparece en este proyecto de diversas maneras. El gigante Tombatossals, personaje famoso en la ciudad de Castellón, comparte protagonismo con la Delicà de Gandia, doncella que, según cuenta una leyenda popular, murió cuando le cayó un pétalo de flor en la cabeza, de lo delicada que era. Tienen cabida otras leyendas, como la del murciélago que ayudó al rey Jaime I en la conquista de Valencia, o la existencia de los donyets, criaturas fantásticas diminutas que habitan ciertas casas para provocar tormentos y desórdenes. Merecen mención especial los monstruos valencianos, utilizados antiguamente para asustar a los niños y muchos de ellos ya olvidados. Así, La Fallera Calavera recupera al Home del Sac, quizás el espantacriaturas más conocido, pero también se acuerda del Butoni —un demonio que se lleva a los pequeños—, la Quarantamaula, una figura siniestra que nadie sabe bien cómo describir, o incluso el Moro Mussa, un antiguo monarca de la Valencia musulmana que aterraba a los niños.
El repaso por la cultura popular no acaba aquí. La Fallera Calavera también toca la religión y pone en valor elementos de las procesiones del Corpus, como la Moma y los Momos —representantes de la virtud y los siete pecados capitales—, la Dansà de la Magrana o la monstruosa Cuca Fera, una especie de dragón con caparazón duro. De la gastronomía, el juego toma la paella valenciana, el allioli, la horchata y bebidas alcohólicas bien nuestras como el agua de Valencia e incluso la cazalla. De las fiestas, más allá de las Fallas, que son el eje vertebrador del proyecto, aparecen los Moros y Cristianos, la Tomatina de Buñol, el Misteri d'Elx, las bandas de música y la dolçaina y el tabalet.
Y no podían faltar los elementos de la cultura popular más contemporánea, como aquellos que aportó la desaparecida Canal 9: Monleón, el presentador mítico valenciano, va acompañado de sus hostesses, las Monleonetes. ¡Con vidrioletes incluidas! También tiene presencia el perrito Babalà, mascota infantil de las tardes de la antigua televisión pública. Y no podíamos dejarnos un personaje más conocido por su banda sonora que por su aspecto: Paquito el Chocolatero.
Todo este desfile de personajes, tradiciones y comidas típicas aparecerá ante tus ojos en forma de cartas si juegas a La Fallera Calavera. Y mientras batallas por conseguir los cinco ingredientes de la paella que calman la ira de la zombi valenciana, también tendrás tiempo para recitar algunos refranes, canciones y dichos de nuestra tierra. ¡De veras de veras, como si comieras peras y las cagaras enteras!
Enric Aguilar es el autor y editor del juego de cartas La Fallera Calavera, así como de la novela homónima.