Volver al blog 2 de marzo de 2019 · Por Enric Cuenca i Teruel

Conocer es amar (y salvar)

Conocer es amar (y salvar)

En recuerdo del Sr. Rafael López Revert, el Mestre. Músico, gran valenciano, gran persona y gran amante de la cultura de nuestra tierra.

Un año más tengo el honor de participar en las páginas del llibret de Luis Cendoya, nuestra falla decana de la comarca, y el tema propuesto habla justamente de eso, de la comarca. Me gustaría animar al lector a que me acompañe en este proceso de reflexión sobre el tema propuesto. Me han pedido que hable de algo parecido a «salvemos las tradiciones», enfocado a la comarca. Después de mucho cavilar, más que «salvar», quiero proponeros un pequeño viaje por el Camp de Morvedre, con un único objetivo: conocer fiestas y tradiciones, porque esa es la mejor manera, a mi entender, de amarlas y de asegurar su pervivencia.

En primer lugar, hay que tener en cuenta las características de nuestra comarca, formada por un total de quince municipios, donde el grueso de la población se concentra en una ciudad grande y diversa que, en la mayoría de los casos, vive muy de espaldas a su comarca. Cierto es que los medios de comunicación comarcales, y entidades como el Centre d'Estudis del Camp de Morvedre, han hecho mucho por difundir la historia, la cultura, las tradiciones, el medio ambiente, la socioeconomía y muchos aspectos de nuestra comarca.

Mucho se ha escrito también al respecto. De hecho, el Grup d'Estudis del Medi Murbíter, un colectivo de docentes y estudiosos de la comarca, recuperó hace un puñado de años las leyendas y tradiciones del Camp de Morvedre. En esa línea, hace también unos cuantos años, hice una recopilación de todo el calendario festivo de nuestra comarca, que publiqué a lo largo de tres años en el llibret de la Falla Eduardo Merello, con la colaboración de investigadores y cronistas y con las imágenes de todas esas fiestas del fotoperiodista Daniel Tortajada.

Dicho esto, empezaremos con una pregunta inicial: ¿hay que salvar las tradiciones de nuestra comarca? Los aires de gran urbe que tenemos los de la ciudad nos hacen pensar que todo está en peligro. Pero cuando pisamos el terreno, encontramos que en nuestros pueblos las tradiciones están más que conservadas, porque fiestas y tradiciones van de la mano y forman también el tejido social y asociativo que agrupa al pueblo. Para desgracia nuestra, los urbanitas, ese sentimiento de comunidad, de pertenencia, de identidad y de transmisión de esa identidad está mucho más fuerte en los pueblos que en la ciudad.

En todo caso, habría que hacer un movimiento para salvar a la gente de la ciudad de su despersonalización y de la disolución de su identidad ante el imparable proceso de globalización que vivimos.

Quizás conocer nuestro entorno nos sea útil para saber que formamos parte de un ecosistema sociocultural llamado Camp de Morvedre, donde tenemos una historia milenaria y donde, en los pueblos de alrededor, se mantienen tradiciones más que centenarias y antiguas que hay que conocer para amarlas.

Hecha la introducción, vamos a hacer esta pequeña excursión por nuestra comarca.

Nuestra mentalidad urbanita y centralista nos hace pensar muy a menudo que Algar de Palància es el último pueblo de la comarca, porque está allí al final, tocando con el Alt Palància (y con la Plana Baixa también). Para ellos, Algar es el primer pueblo de la comarca. Así suena mejor, la verdad. Es la puerta de entrada al Camp de Morvedre. De Algar os podría contar muchas cosas, pero he de deciros que es un pueblo pequeño y bellísimo. Su gente conserva un gran orgullo de pertenencia a ese pueblo y tiene una vida asociativa tremenda: banda de música, amas de casa, grupo de danzas, grupo de teatro, grupo de senderismo…, donde prácticamente todos participan en todo. Algar tiene un patrimonio inmaterial brutal respecto a las tradiciones. En Algar pervive parte de su baile de plaza, la llamada «Arenilla», un baile sencillo, de corro, de cambio de pareja y de jota simple que finaliza con una alegre rodada general de todos los bailadores y bailadoras al son de la dolçaina y el tabal.

Este baile antiguo estuvo a punto de desaparecer, pero gente del pueblo se encargó de recuperarlo y, con la ayuda del Grup de Danses de Morvedre y de su maestro, Eduard Caballer, la Arenilla de Algar está más que asegurada, porque, además, está presente en la actualidad en el repertorio de muchos grupos de danzas.

Pero no todo son bailes en Algar. También tienen una curiosa tradición en sus fiestas patronales. Resulta que Algar era un pueblo que pertenecía a la Orden de la Mercè, una orden fundada en la Edad Media por Sant Pere Nolasc, conocido de Jaume I. Una orden que también tenía y tiene el monasterio de Santa Maria del Puig y que tenía importantes posesiones agrícolas en la marjal dels Moros y Puçol (¿os suena aquello de la alquería dels Frares? Pues ya sabéis de qué frailes se trataba). Los frailes de la Mercè se encargaban del rescate de los cautivos hechos por los piratas berberiscos que atacaban frecuentemente nuestra costa (por eso las torres vigía en toda la línea de mar, conservando la fortificación del Grau Vell en la actualidad). En la procesión de la Mare de Déu de la Mercè de Algar desfilan unos niños vestidos de turcos, los conocidos como «turquets», que van cogiendo la imagen de la patrona con unas cintas de color, recordando ese pasado de la Mercè como orden que salvaba a los presos de la piratería del norte de África y más allá.

Y no hemos acabado con Algar. Este pueblo conserva una tradición en sus fiestas patronales: el Ball del Mantó. Aunque se ha separado de la Arenilla, el origen es seguramente el mismo. Y os lo explico. El pañuelo de Manila (conocido popularmente como Mantó) es una prenda de vestir de las mujeres que se propagó en el siglo XIX. Era y es como vestirse con un cuadro hecho todo de seda. Era y es de gran valor, y por eso era y es empleado en muchas poblaciones para las grandes ocasiones: procesiones, ofrendas y las danzas rituales. Y resulta que de Algar sabemos por su Arenilla que tenía un baile de plaza, y resulta que continúan haciendo el Ball del Mantó. Bingo.

Pero no solo hacen ese baile en Algar. La tradición pervive también en pueblos de alrededor como Torres Torres, Alfara o Algímia, y también en localidades del Alt Palància. Se ha conservado el salir a bailar unos pasodobles en la verbena de fiestas con el pañuelo de Manila, lo cual está muy bien, pero hemos perdido en muchos pueblos ese baile de plaza que seguramente se hacía asociado y relacionado con esa manera de vestir.

Y seguimos en Algar. En Pascua tienen la tradición de hacer un concurso de delantales, con muchos premios, para grandes y pequeños, donde compiten en originalidad. Os aseguro que no tengo ninguna comisión por hablar bien de Algar, pero es un lugar digno de visitar para conocer sus fiestas y tradiciones.

Agosto y septiembre son los meses donde se concentran la mayoría de las fiestas patronales de la Baronia Alta. Si hay un elemento gastronómico de la comarca, que se da tanto en esta zona como en las Valls, es el de las «olles». Coloquialmente conocidas como «calderes», en muchos lugares es el tradicional arroz con judías y nabos valenciano, que incorpora carne de ternera, de cerdo, penca, patata y las más que indispensables butifarras. Esta fiesta gastronómica y del colesterol es una reafirmación de «cristiandad», teniendo en cuenta que el arroz en perol o en cazuela era una comida bastante habitual de los habitantes de religión musulmana y judía de las tierras valencianas, y con la conquista aragonesa y la creación del Reino cristiano de Valencia, había que demostrar que se era muy cristiano llenando el perol de trozos de carne y de grasa del animal prohibido. Un inciso importante sobre el arroz: os recomiendo leer El Llibre daurat de la paella, de Josep Piera, una auténtica enciclopedia histórica de la evolución de la cocina del arroz en nuestra tierra.

Estas «olles» que se hacen en las fiestas de verano en muchos pueblos de la Baronia, donde podemos incluir Segart y, por su parte, Sagunt, también se hacen en un tiempo más idóneo en Albalat dels Tarongers (por la Purísima, en diciembre) o por Sant Pelegrí en Quart (el día 1 de mayo). El verdadero sentido de las olles lo encontraremos en su nombre primitivo: olla de dejú (olla de ayuno). Veamos: cuando uno se levanta, se «desdesayuna». Des-ayuna. Deja el ayuno. Estas olles se ofrecían a la salida de misa. Por un lado, porque antiguamente solo se podía comulgar en ayunas y confesados. Por otro, porque se repartía la olla entre la gente más pobre de la población, con la finalidad de que el día de la fiesta grande pudieran comer un buen plato caliente, por caridad cristiana.

Y seguimos de ruta. Ahora me gustaría hablaros de Sant Esperit. El Real Monasterio de Sant Esperit está construido en un lugar especial y mágico, en pleno corazón de la Vall de Toliu, en el término de Gilet. Lo fundaron allá por el siglo XIV, y uno de los promotores fue Francesc d'Eiximenis, un franciscano de origen catalán que era el confesor de la reina María de Luna, esposa del rey Martín el Humano. Este centro de espiritualidad también ha sufrido lo suyo. Las crónicas cuentan que en una incursión de piratas berberiscos por tierras de Morvedre llegaron al monasterio, se llevaron todas las cosas de valor e hicieron cautivos a los frailes para venderlos como esclavos en los mercados del norte de África. Un fraile escapó y, corriendo, dio la voz de alarma en Gilet. Los de Gilet dieron la voz de alarma a los de Morvedre (Sagunt), y la milicia de Morvedre, que era villa real, consiguió cortar el paso a los piratas y rescatar a los religiosos y los objetos de valor.

Los pueblos de la sierra Calderona tienen un especial amor a Sant Esperit. Gran devoción hay, por ejemplo, en el pueblo de Nàquera hacia Sant Francesc, y por eso hacen una romería a pie desde el pueblo hasta Sant Esperit, por las sendas y caminos de esta sierra llena de encanto y de valor.

Es muy recomendable ir los días de visita para contemplar el claustro y su preciosa iglesia, que tiene una talla de un Cristo crucificado del siglo XVIII de gran belleza en el corazón del templo (desde donde siguen las ceremonias religiosas los frailes y que está conectado con el claustro).

De la Baronia, siguiendo el curso del río Palància, llegamos casi al mar, a Canet d'en Berenguer, pueblo que sabe conservar sus tradiciones y raíces con dos fiestas muy bien definidas en su calendario: las fiestas de Sant Pere en junio y las de septiembre, en honor a la Mare de Déu contra las Fiebres. En esta segunda festividad mantienen viva la tradición de los clavarios y clavariesas, y mantienen vivo el Ball de Plaça, el único baile de plaza que ha perdurado en la comarca y que se hace cuando toca, conservando todo su protocolo y características. Que, de bailes de plaza, tenemos muchos más: tenemos la partitura y una coreografía del de Faura, aunque no se baila ritualmente en ninguna fecha señalada del calendario, y tenemos solo la partitura del de Quart de les Valls.

En Sagunt, el maestro de baile del Grup de Danses de Morvedre, Eduard Caballer, restauró su baile de plaza, que se interpreta al finalizar las danzadas de las fiestas patronales del casco histórico y del Port. Su investigación, con testimonios grabados de gente mayor de Sagunt que ya ha fallecido, ha sacado a la luz la existencia de un baile de plaza que se hacía y se bailaba y que se perdió en el primer tercio del siglo XX. Existen partituras de la melodía del baile y también una tonada de la Arenilla final, que se reconvirtió en su día en una canción popular saguntina. Con todos esos elementos, y teniendo en cuenta las coreografías y figuras parecidas y comunes en todos los bailes de la comarca, se procedió a su montaje. Si estáis interesados en bailarlo, normalmente en julio el Grup de Danses de Morvedre organiza un taller donde se enseña el baile.

En Canet, el clavario abre el baile con su ramo de flores, y van incorporándose las parejas, haciendo el paso llano al ritmo del tabal. La dolçaina marca las mudanzas y evoluciones del baile, con las figuras valseando y la jota con vuelta, todo alrededor del fuego, de la hoguera o la almenara que en su día se pondría para iluminar a las parejas, no para dar calor. Y cuando se acaba, la dolçaina y el tabal marcan una peculiar melodía que bailadores y público cantan a una voz:

Les xiquetes de Canet
no eixiran més a ballar
aixina s'empenye l'alcalde,
el jutge, l'alguacil,
no eixiran més a ballar
si no donen un conill.

Como estamos en Canet, cogeremos la carretera que va a la Vall de Segó, a las Valletes de Morvedre de la época foral, o las Valls, como las conocemos en la actualidad. Cinco pueblos forman esta subcomarca de nuestra comarca que, a su vez, es una comarca natural a la cual hay que incorporar Almenara. Sí, Almenara forma parte geográficamente de las Valls, Valletes o Vall de Segó, y además Almenara participa del reparto de las aguas de riego que brotan de la Font de Quart.

En la actualidad conocemos cinco pueblos: Faura, Benifairó, Quartell, Quart y Benavites. Todos pueblos con un rico patrimonio cultural, histórico o natural, desde iglesias, ermitas, torres, palacios o fuentes. Pero esta subcomarca todavía tenía más población, pequeñas aldeas en medio de la huerta, de los campos, conocidas como «llogarets», donde vivían, principalmente, población morisca o simples labradores que cultivaban las tierras de los señores feudales. Un resto de ese pasado son las piedras que todavía resisten el olvido de la ermita de Benicalaf, que se alza entre naranjos en el término de Benavites.

En el aspecto de fiestas y tradiciones, estos cinco pueblos tienen una especial devoción por dos cosas: los toros en la calle y la pólvora. Centrándonos en la pólvora, hay que destacar actos tradicionales como las bajadas que hacen con motivo de las fiestas en Faura, en Benifairó o en Quartell. Estas bajadas, así llamadas en las Valls, son iguales que en otras poblaciones valencianas, concretamente de l'Horta de València, como Burjassot o Quart de Poblet, donde es tradicional acompañar las imágenes de los santos disparando cohetes de salida, los llamados «borratxos», sujetados con unas grandes tenazas de madera, formando un colorido espectáculo de chispas, ruido y humo. Son pueblos donde todavía se conservan las dianas o despertadas y donde también se hacen cordadas, como también se hacían en las fiestas patronales del Port y que, por la burocracia y el endurecimiento de la legislación, al final el papel ha podido acabar con el fuego. Una pena.

Sin abandonar las Valls, vamos a Faura, el primer domingo de diciembre, a su Fira de Faura. Esta feria no deja de ser lo que en muchísimas poblaciones valencianas llaman «porrat», que es una feria de productos artesanales, de juguetes, dulces y comidas. La Fira de Faura era un acontecimiento especial antiguamente, porque la gente aprovechaba para comprar los turrones para las fiestas de Navidad, los dulces y también juguetes.

Tenemos muchas más tradiciones y fiestas en la comarca. La mejor manera de conocerlas es consultar la prensa comarcal, donde se habla de ellas y se anuncian los actos. En directo se ve mucho mejor, se aprende más, se conoce y se ama, y lo que amamos queda salvado en nuestro corazón, y ya no se pierde.

Enric Cuenca i Teruel

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